COSQUIN VIVIO LA GRAN NOCHE DEL REENCUENTRO

Anoche, la Plaza Próspero Molina volvió a latir con fuerza bajo la luna de enero, donde tantas emociones suceden, aún la lluvia. La correntina Ofelia Leiva (aquella de Rosendo y Ofelia) fue la encargada de abrir el espectáculo y su presencia fue una flecha al corazón del público. Lito Vitale y Juan Carlos Baglietto representaron uno de los puntos altos en el reconocimiento de la gente.

Por Alejandro Mareco

Nunca se sabe bien cuál es el instante en que sucede, pero siempre sucede. Cada vez que el Festival sale a proclamar su leyenda bajo la luna de enero, hay un momento en el que la emoción toma conciencia de que el milagro de un pueblo y su canto está una vez más presente, resonando en la querida Plaza y en todo el cielo argentino.

Puede ser en el momento en que el silencioso deslumbre del artificio de los fuegos se reúne con la siempre conmovedora arenga del conductor Claudio Juárez, que culmina en el gran estallido: “Aquí Cosquín.”.

O quizá, cuando el Himno del Festival dice las palabras precisas: “Vengan a ver el milagro, Cosquin empieza a Cantar”, mientras los bailarines del ballet Camin, dirigidos por Rodolfo Uez, afirman el encuentro de la variedad de los ritmos argentinos en una coreografía apasionada.

O, acaso también, cuando el Himno suena y en el fondo, como un latido añoso y a la vez brillante y nuevo, los tañidos de la campana de la Iglesia de Nuestra Señora el Rosario, desde una de las esquina de la Plaza, traen no sólo el eco de la memoria original sino también la certeza de una voluntad que sigue sonando.

Entonces, es cuando esa conciencia de la emoción hace que los ojos se empañen y por las caras rueden lágrimas furtivas, a veces en catarata.

Cada comienzo del Festival no es una formalidad. Es la puesta en marcha de una confabulación de sensaciones y sentimientos. Más aún en esta 62 edición que regresó a la Plaza dos años después (la pandemia obligó a que la edición anterior, acotada, fuera vía streaming y por tv).

La noche inaugural cargaba con el sigilo que daban el protocolo al que obliga el coronavirus y la espesura de un cielo que parecía contener sus ganas de llover, también expectante por la vuelta del Festival.

Y Cosquín salió al encuentro de sí mismo, de la música folklórica y de los distintos modos argentinos de cantar. Pronto fue que el escenario mayor echó a andar las sensaciones fuertes: la presencia de la correntina Ofelia Leiva sería una flecha al corazón.

Author: Sergio

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