UNA SOLEDAD TAMBIEN SUTIL REFRESCO SU ENCUENTRO CON LA GENTE

Antes, en la apertura, Pedro Aznar tocó media docena de instrumentos y cantó jun amplio repertorio que arrancó aplausos de admiración. Fue una noche fría en la Plaza, que Soledad consiguió entibiar. El final quedó en manos de Destino San Javier.

Por Alejandro Mareco

Soledad se vuelve gigante en los escenarios. Con una personalidad que afirma su vínculo con la gente en la fortaleza de su sencillez y en la entrega fresca que va en busca de esa comunicación única que sido capaz de lograr, siempre consigue que los ánimos reunidos en multitud se vuelvan uno sólo bajo el influjo de los gestos de su canto.
Y el de Cosquín es su escenario fundacional, a la vez que su figura representa uno de los tantos hitos que el Festival marcó en el devenir de la música argentina.
La sexta luna del jueves contaba en la memoria nada menos que 26 años desde aquella adolescente irrupción huracanada y poncho alado. Ha sido un largo camino: ella es uno de esos misterios de persistencia popular que tanto suele ofrendar el folklore a la música argentina (por eso, acaso, hay tantos nombres que se repiten en los festivales).
Y anoche, Soledad dio cuenta de cuánto ha alimentado su condición de artista, cuánto ha sido capaz de crecer a la hora de cantar, hasta flexibilizar su estilo en el que cabe desde lo suave pronunciado que crea momentos de sutilezas, hasta el modo de siempre de contagiar la fiesta con el fervor de su energía.
Hacía mucho frío en la Plaza, como secuela de la gran lluvia del miércoles. Y Soledad, vestida para una de estas tibias noches de enero, se

dispuso a presentar un espectáculo singular, con una propuesta diferente.
Sus propias canciones marcaron el comienzo, como “Volverás” y “La música de mi vida”. Así fue atravesando su hora y un poco más, con episodios que sorprendieron a la plaza, como cuando se escabulló del escenario y en las pantallas del costado se proyectó un código qr para que la gente votara una canción favorita. Cuando el plato volvió a girar, apareció cambiada de ropa blanca a ropa negra, a solas con un pianista con piano blanco, y en medio de un montaje de luces casi de penumbra. En ese clima, cantó la canción más votada: “Que nadie sepa mi sufrir”, y lo hizo con un logrado fraseo de intimidad que mostró otro plano de su búsqueda y su madurez.
Después, Soledad desplegó sus habituales tramos de medias zambas y chacareras con los que repasa los motivos que la sumaron al folklore. Y hasta hizo revolear un poco un poncho coscoíno, antes de arrojarlo a la platea. El final fue para bailar “La Valeria”, “El Bahiano” más otros temas, que fueron finalmente a dar en “El tren del cielo”. Lo bises y la larga ovación de pie, una vez mas, confirmó la profunda conexión con su público.

Azar y su elástico talento

Cosquín une muchas veces las puntas de un mismo lazo. Es lo que parecía representar la gran apertura con la presencia de Predro Aznar y su tan inmenso como elástico talento. Hace ya un tiempo que el ex Serú Girán y Pat Metheny tiene un lugar en las reuniones de folklore; su acercamiento con la música criolla es añoso, y se puede contar desde aquella participación en un disco de vidalas comandado por Leda Valladares hasta su último registro, “Flor y raíz” , con temas del cancionero argentino y latinomericano, incluidas composiciones propias.
Contrabajo, guitarra, bajos eléctricos, teclados, caja: todos esos instrumentos tocó Aznar, cambiando siempre de un tema a otro.
“Si llega a ser tucumana” (Leguizamón y Pérez), “Perfume de Carnaval” (Peteco), “Zamba para no morir”, (Hamlet Lima Quintana – Noberto Ambros – Alfredo Rosales), “Maldigo del alto cielo” (Violeta Parra), “No hay forma de pedir perdón” (Elton John), “A primera vista” (Chico César), “Chacarera de los gatos” (María Elena Walsh) y temas propios como “Muñequitos de papel” o “Tu amor” (compuesto junto a Charly García) , exponen la amplitud de un repertorio que fue muy celebrado por el público. La Plaza le ofrendó, como ha pasado en otras ocasiones, una ovación cargada de admiración.
Por el escenario vendrían luego Ceibo, el grupo coscoíno que se propone levantar entusiasmo en la Plaza y lo consigue, mientras que Mavi Díaz y las folkies no consiguieron un momento destacado.
La Delegación de Santa Fe, con Joel Turtul al piano más otro grupo de notables músicos e intérpretes, dejó fluir la música de sus ríos sobre el escenario y le dio al chamamé el gran protagonismo de su postal de provincia.
Entretanto, el Pre Cosquín sigue entregando los buenos frutos de su cosecha. Anoche, el ballet Juan Moreira, conjunto ganador en la categoría malambo, desplegó un instante de asombro para el público. Luego, Luciano Coiganda, vencedor en la categoria solista vocal, abrió un interesante repertorio sostenido por su buen modo de cantar y el sentimiento de sus interpretaciones.


El camino a la madrugada, después de Soledad, quedó en manos de Destino San Javier, que con más de una década de trayectoria agranda su presencia en los escenarios de la manos de clásicos del folklore y otras canciones de perfil más romántico. Uno de los momentos sobresalientes fue cuando invitaron a sumarse a Ángela Leiva, figura destacada de la música tropical argentina.


Cosquín atravesó así las noches de la gran lluvia y del frío, y lo más importante es que la fuerza y la emoción del reencuentro puedo más., Ahora es el momento de vivir a pleno el último tramo de un Festival que llevaré en su memoria la voluntad de cantar aún en tiempo de pandemia.

🎥Prensa oficial Iván Radke
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Author: Sergio

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